Journal de Oración & Planificación
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El interior del journal no se muestra en redes ni en la web. Es un espacio íntimo que se descubre cuando lo tienes en las manos.

🎁 ¿Es un regalo? En el checkout puedes escribirle un mensaje — nosotros se lo agregamos al journal.

Hay algo escondido
esperándote.

Dentro de esta edición, preparamos algo especial.
No en todos los journals.
Solo en 5.
Cinco que Dios ya sabe a quién van a llegar.

No lo sabrás hasta que lo abras.
Y eso es exactamente el punto.

En el 2022 me compré mi primer cuaderno para comenzar a hacer journaling.
Y desde ahí no paré de escribir.

Descubrí que me encantaba escribir; que expresar emociones en papel me salía natural y, más que expresarlas, podía aclararlas.

Un día, mientras escribía, dejé una frase que hoy me sigue haciendo demasiado sentido:
“no es sino que escriba una palabra, para que todos mis pensamientos empiecen a salir, como si estuvieran haciendo fila… “voy yo”, ‘“luego yo”, “después sigo yo”… todos ansiosos por ser aclarados.”

Cuando todo se queda en la mente, se hace un nudo, una confusión… como manejar bajo lluvia y el limpiaparabrisas no funciona.

Escribir, en físico, me enseñó eso: que la claridad llega cuando le das un lugar a las palabras.

Hoy tengo siete journals que marcaron etapas clave de mi vida.
Y no quiero parar de escribir.

Ese mismo año conocí Notion y nunca más nos separamos (si llevas tiempo aquí sabes que es mi segundo cerebro).
Migré casi todo lo posible a lo digital: estudios, mi negocio, seguimiento de hábitos… todo, t-o-d-o.
Me volví experta en Notion y en tener mi vida en un solo lugar.

Pero físicamente dejé solo una cosa: la escritura.
Lo demás: feliz en Notion.
La escucha profunda: en papel.

Y me comenzó a pasar algo curioso y hermoso: después de escribir en mi journal, escribía mi lista de pendientes del día.

Poco a poco entendí que eso era lo que más me estaba funcionando: descargar y aclarar mis pensamientos, y luego, escribir los pendientes del día.

Busqué una “agenda” que tuviera en la misma hoja un espacio para escribir y luego una lista de pendientes… y no la encontré.

Pensé en sacar algo así; lo soñé; pero ese proyecto quedó en pausa… para “no sé cuándo”.

El Riego

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El Riego 🌱

Y entonces llegó 2025 —el año en el que más cerca he estado del amor del Padre— y mis mañanas comenzaron a cambiar.

Antes: me despertaba mirando el celular, scrolleando, y me iba directo al computador a abordar pendientes “porque había que hacerlo”.

Ahora: me levanto temprano para tener un espacio en quietud con Él; alabo, oro, leo la Biblia y hago mi devocional.

Quise buscar una “agenda” donde escribir mis oraciones y lo aprendido de la lectura del día… y terminé con 3–4 cuadernos (uno para cada cosa).

Yo amo Notion porque puedo tener todo en un mismo lugar y llevarlo en el celular. Pero me hacia falta el papel, y ¿cargar cuatro cuadernos? Por favor, no.

Hoy mi mañana se siente distinta: apenas suena la alarma, me despierto, tomo la Biblia y mi prayer journal, alabo, oro, hago mi devocional.

Antes: empezaba a hacer cosas sin preguntarle a nadie —pensando que esa era la libertad que quería: hacer lo que quiero cuando quiero.

Ahora: le consulto a Dios primero y le entrego mis planes antes de continuar el día.

Antes: la Biblia podía quedar cerrada “para después” porque mis pendientes parecían más “urgentes”.

Ahora: no hay nada ni nadie antes que ese tiempo de intimidad con Dios. Es verdaderamente no negociable.

Antes: me levantaba tarde, corriendo detrás del día.

Ahora: me levanto temprano para encontrar quietud con Él.

Antes: empezaba con dopamina falsa y ansiedad.

Ahora: empiezo llena de Él, y me siento caminando sobre agua.

Y entendí por qué Dios me había hecho archivar ese proyecto:
faltaba Él en la ecuación.

Todo hizo clic.

Quería un espacio físico donde primero le entrego mi día a Él, tengo un momento de intimidad, me lleno de Su amor inagotable… y recién ahí paso a mis pendientes.

No al revés.

Primero Él, luego lo demás.

De ahí nace este Prayer & Planner Journal: un lugar sencillo y bello donde cada día empieza igual:
orar → escribir lo que recibo → sembrar (mi To-Do con propósito).

No es para llenar por llenar; es para entregar, escuchar y elegir lo que sí importa.

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El agua que nos sostiene.

Hay algo que una planta necesita para seguir creciendo.
No es solo buena tierra.
Es agua.
Todos los días.

Y lo mismo nos pasa a nosotros.
Dios no solo es la tierra fértil donde sembramos nuestros días. También es el agua que nos sostiene.
La que nos nutre.
La que hace que todo lo que sembramos no se seque en el camino.

"El agua que yo les doy es como un manantial que brota dentro de ellos y les da vida eterna."
Juan 4:14

Pero solo lo recibimos cuando lo ponemos primero.
Cuando lo primero del día es Él.
Cuando antes de correr, de resolver, de cumplir… le entregamos el día.

Porque cuando los ojos están puestos en Él, caminamos sobre el agua.
Cuando los quitamos… nos hundimos.

ORAR

Entrego el día y
pido dirección.

ESCRIBIR

Lo que Él me muestra
en la quietud.

SEMBRAR

Escribo los frutos que quiero sembrar y los pendientes.

REGAR

Riego cada día
mis hábitos.

COSECHA

Cierro el día recogiendo
lo que coseché.

Lo que no es

  • NO ES una agenda con fechas, ni para 2026.

  • NO ES un manual de perfeccionismo.

    No necesitas “hacerlo perfecto”; necesitas hacer espacio para escuchar a Dios y elegir lo importante.

  • NO ES una herramienta New Age.

    Es cristocéntrica. Primero Él; desde ahí, lo demás.

Hecho por manos colombianas

Edición #1: LA SIEMBRA.

Edición limitada.
Hasta agotar stock.

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En las ediciones de THE BIG GAME, nuestra última sesión es muy especial: sembramos una semilla.

Una vez, una mentora me dijo: “siembra una semilla para ver reflejado en su crecimiento el valor del proceso”.

Eso nunca se me olvidó.
Quise expandirlo mucho más.

Dios nos habla en la naturaleza —y con las plantas lo grita de formas preciosas.
Siempre digo: ¿CÓMO ES POSIBLEEEEE que de algo tan extremadamente pequeño crezca algo tan maravilloso?

La semilla te enseña que toma tiempo; que hay que regar y cuidar; que por más agua que le eches no va a crecer más rápido.

Hay un tiempo perfecto… y es el tiempo de Dios.

Recordé un devocional de 40 días (con el que comencé a caminar con Jesús) donde hablaban de semillas: que la fe se parece a una semilla de mostaza —pequeña, con un potencial enorme que no se ve a primera vista—; que a veces parece “desaparecer” bajo tierra, como si estuviera muerta, pero en realidad está germinando; que nos preocupamos demasiado por resultados cuando lo nuestro es sembrar y regar; que “orar es sembrar” y esas oraciones dan fruto, a veces mucho después y para generaciones que ni imaginamos.

Si seguimos sembrando lo que debemos sembrar, en el tiempo y la manera de Dios, llega la cosecha.

Y no solo sembramos oraciones; también sembramos pasos hacia eso que Dios nos llamó a hacer.

Por eso la primera edición fue la SIEMBRA, para comenzar un nuevo año plantando con base fértil: Dios.

Porque si Él no está en el centro, algo más estás adorando.